10 de mayo de 2014

Ni el dolor Ni el sufrimiento son "Opcionales"


Hola!

Continuando con éstos temas de Apegos, Desapegos, Egos, y demás, de impronta budista que tienen impregnado mucho material de psicología, autoayuda y superación personal, para desenredar éstos nudos, ayuda muchísimo el recurrir a las fuentes seguras para un bautizado sobre de el tema del sufrimiento:

Existe la carta apostólica Salvifici Doloris de San Juan Pablo II:

Del Papa Benedicto XVI:

Numerosos libros católicos con licencia eclesiástica hablan sobre la enfermedad, el dolor y el sufrimiento también son otra herramienta que pueden ayudar a un bautizado confundido a documentarse sobre el tema del dolor y el sufrimiento, aquí uno de ellos:
“Para Sufrir menos, para sufrir mejor” de Novello Pederzini

El Sufrimiento no es opcional
Si los libros de autoayuda y superación personal dijeran ésto, ya no se venderían, pero es al revés literalmente afirman que es -opcional- sufrir, que todo es cuestión de actitud, de pensar positivo y otras tantas sugestiones.
La verdad es que No es opcional, ¿porqué? porque el Sufrimiento como la enfermedad y la muerte es una secuela del Pecado original, y estará ahí toda nuestra vida (CIC 1521).
En el dolor y el sufrimiento experimentamos nuestra fragilidad, nuestra “humanidad”  y nuestros límites (CIC 1500), y como porcelana que al golpearse, se estrella, se nos quiebra la soberbia, la vanidad y ante nosotros mismos se nos cae nuestra propia máscara, en éste dolor físico ó emocional frecuentemente y humanamente nos rebelamos contra Dios y nos desesperamos, pero éste mismo dolor puede empujarnos a buscar a Dios y regresar a Él (CIC 1502).

Ver el dolor con actitud positiva para que el “sufrimiento sea opcional” es una moda  que confunde a muchos bautizados alejándolos de la verdad y de la vida sacramental, más peligroso aún,  les aleja de reconocer a Cristo como Dios y Señor y de reconocer que “Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora” (CIC 1505).

Ésta filosofía, estilo de vida y autoayuda de la nueva era, de tantos autores de bestsellers es esencialmente budista es decir, se reconoce el dolor como algo inevitable (dukkha), pero se dice “opcional” pues invitan al lector a adentrarse en buscar la liberación de los deseos y apegos que causan el sufrimiento para llegar al cese de éste que es el Nirvana.
Éstos libros pueden ser una especie de hipnótico que si bien habla de adquirir sabiduría, a practicar un pacifismo, la rectitud, la no violencia, el no mentir, el no difamar ni calumniar, que son muy buenas intenciones (los libros de la nueva era están llenos de buenas intenciones) no significa que se refiera a los mandamientos y es incompatible con nuestra Fé porque el budismo no acepta la creencia en un alma inmortal y es ateo (no creen en nuestro Dios), dice el Salmo 111,10 que el temor de Dios es el principio de la sabiduría y el libro de los Proverbios nos enseña que Dios nos da la sabiduría (Proverbios 2,6). 
Entonces no se puede mezclar nuestra Fé con el Budismo y quien lo hace distorsiona la sana doctrina.

Todas éstas buenas intenciones en el budismo  implican una disciplina corporal, mental y verbal que queda únicamente en esfuerzos humanos, para un bautizado es una opción peligrosa que sustituye la vida Sacramental y la Gracia, por prácticas de meditación y ascesis de tipo oriental y ocultista, en pocas palabras: para un bautizado es una moda y forma novedosa de practicar la gnosis.
Nosotros podemos querer no pecar, pero necesitamos de la Gracia de Dios, de su ayuda para poder moderarnos.
Ni por mucho meditar, ni por mucho pensar positivo ó luchar contra los apegos, intentando someter la mente y el cuerpo, ni con meditaciones ó ayunos al estilo oriental se podría llegar a  evadir el sufrimiento a convertirlo en “opcional”. La famosa frase "el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional" se le atribuye a Buda.
La meditación cristiana, la oración, el ayuno cristiano no son para evadir ni evitar el sufrimiento, son para comunicarnos con Dios, meditar su palabra, para hablarle, amarle, pedir perdón y su misericordia  y con su ayuda poder moderarnos en nuestras pasiones:

“El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación (cf 1 Co 12,9.28.30) para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades. Así san Pablo aprende del Señor que "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24). (CIC 1508).

azulmarina