3 de agosto de 2017

Perdonar es un regalo de Dios...


Perdonar es un regalo de Dios que nos concede si se lo pedimos, de nosotros se requiere querer perdonar y tomar la decisión de perdonar.
Perdonar puede volverse un desafío cuando constantemente se tienen desavenencias con una persona , con las que se convive a diario: pareja, familiar, compañero de trabajo, escuela, equipo, etc,  resulta que llevados por nuestro temperamento y nuestros pensamientos distorsionados acerca de ésas personas (creencias irracionales, suposiciones de la intención de la otra persona, los juicios, etiquetas y demás que le hemos puesto en nuestra mente) dan por resultado tenerlos al punto de considerarlos desde un rival, un competidor y hasta un enemigo.


Es a veces imposible tener un diálogo sereno y sin apasionamientos con una persona que consideramos que su intención es la de lastimarnos.
Existen técnicas cognitivas que podemos utilizar cuando nos vemos atorados en una situación así, con la ayuda de Dios podremos llegar a un diálogo, a una negociación, reconciliación, a aligerar la tensión y hasta dejar de torturarnos a nosotros mismos con algo que quizá ni siquiera existe (una mala intención por ejemplo, que creemos es real, y lo creemos llevados por nuestro resentimiento).


Un ejercicio mental muy sencillo que puede ayudarnos en estas situaciones a diario, es hacer consciente nuestro sentimiento hacia la otra persona al momento de empezar a dialogar y que consideramos una provocación ó un inicio de discusión, tomarnos el tiempo y darle el beneficio de la duda, es decir, preguntarnos en ése momento ¿como lo veo? ¿un rival que fastidia? ¿un insoportable? ¿un enemigo?, aquí ayuda la técnica cognitiva del stop, es decir en el momento que vemos como enemigo mal intencionado al interlocutor, decir stop en nuestra mente, ó tronar los dedos ó aplaudir para detener ése pensamiento, después cerrar los ojos y relajarnos antes de hablar, en el momento que colocamos en nuestra mente la realidad: que no es un enemigo, es mi pareja, mi padre, hermano, hijo, etc, la tensión baja bastante, y nos da la oportunidad de empezar a ver a la otra persona con otros ojos, a darle una oportunidad, puede ser el inicio de un dialogo sereno y conciliador...


Obviamente existen situaciones realmente difíciles que además de ejercicios de éste tipo se requiere del apoyo de un terapeuta para apoyar la restauración de una autoestima desvalijada por relaciones tóxicas, codependientes, etc.


Séneca y el Padre Larrañaga siempre han tenido razón, mucho de nuestro sufrimiento está en nuestra mente...
Les recomiendo ampliamenteme el libro del Padre Larrañaga "Del Sufrimiento a la Paz".

azulmarina